Hoy en día, nadar es considerado algo casi tan básico como saber escribir, además de no sólo servir para divertirse, refrescarse o ejercitarse, sino como un conocimiento que le puede salvar la vida a uno o ayudar para salvársela a otra persona. Lo mejor siempre es aprender a nadar desde niño, por las razones mencionadas y porque en esa época el aprendizaje es más fácil. Si estás, sin embargo, en el grupo de los que no lo han hecho cuando más pequeños, quizás estas recomendaciones te ayuden a que te animes y puedas hacerlo, aun siendo un adulto.

Nadando scroll
Justamente uno de los mayores problemas para una persona mayor a la hora de pensar si debe inscribirse en un curso o requerir la instrucción de alguien que sepa nadar tiene la idea de que es algo muy difícil o complicado, o también vergüenza de intentar aprender ya de adulto. Entonces lo primero que uno debe perder es esa vergüenza, al fin y al cabo no es ningún crimen no saber nadar y muchas personas están en la misma situación que la tuya. Debes, por lo tanto, elegir si quieres seguir sin saber hacerlo o de una vez ponerse manos a la obra para superarlo.

Si has elegido la opción de aprender a nadar, muy bien. Ahora lo que corresponde es buscar un curso que esté adecuado a tus tiempos, presupuesto, comodidad y expectativas. Antes de inscribirte, piensa muy bien si vas a tener la disciplina de asistir a clases, ser puntual y poner de tu parte para lograrlo. De nada servirá inscribirse para después desistir a medio camino, pues esto además sólo reforzará un sentimiento negativo con relación a la natación y su aprendizaje.

Al principio, es muy normal que te sientas receloso, incluso un poco tímido o hasta con miedo. Para superar esa sensación, trata de entrar en confianza con tu instructor y déjalo que te guíe en los movimientos y en las técnicas básicas para principiantes. Los primeros ejercicios nunca serán para que usted salga nadando desde la primera clase, así que ten paciencia y trata de disfrutar cada paso. Tampoco quieras demostrar que aprendes rápido, no es cuestión de aprenderlo rápido, sino bien. Posiciónate cerca del borde de la piscina, eso te dará mayor seguridad que si te arriesgas a ir caminando hasta el medio.

Un buen instructor sabe muy bien que, como adulto, tardarás más en aprender a nadar, tanto por las dificultades características de la edad como por los temores a los cuales ya hemos hecho referencia; esto sin hablar de las preocupaciones y problemas que todos tenemos y que inciden negativamente en nuestro capacidad para prestar atención, permanecer concentrado y seguir una rutina. Así que deja en sus manos la orientación, sigue bien lo que te explica y trata de ponerlo en práctica.

A la hora de sumergirse, hazlo con confianza. No tienes por qué pensar que te ahogarás, al fin y al cabo el instructor está ahí a tu lado para auxiliarte, en caso de que sea necesario. Piensa en la inmersión como algo divertido y que te dará bastante placer. Lo normal es que debas hacerlo una vez que ya hayas pasado por los ejercicios de andar en el agua (por lo general con poca profundidad), al inicio agarrado del borde, luego de la mano del instructor y al final por tu propia cuenta. Eso te dejará familiarizado con el agua, y además servirá para que te despojes del miedo a la misma.

La inmersión debe ser hecha al principio solamente hasta el cuello, ya que el rostro es considerado la parte más sensible al temor por estar bajo el agua. Sólo después de un tiempo así se debe dar al siguiente paso, que es ir sumergiéndose poco a poco, de manera muy fugaz, metiendo y sacando la cabeza rápidamente. Cuando uno ya se considera preparado, recién ahí debe probar con periodos más largos.

Un paso inicial, entonces, será el de ubicarse al borde y agarrarse de él, para enseguida dejar que el agua cubra nuestro rostro hasta el labio inferior. En esa posición uno debe aspirar y expulsar el aire por la boca. Con el tiempo, uno también puede ejecutar este ejercicio sin las manos puestas en el borde. Después para aprender a respirar bajo el agua, la técnica más común es estar de pie y agarrado del borde de la piscina, para posteriormente inhalar aire (una vez más, por la boca) y flexionar las piernas con el fin de sumergir la cabeza. Una vez hecho esto, se expulsa el aire por la boca y la nariz, y luego se vuelve a sacar la cabeza.

La natación tiene distintos estilos, como el crawl (o crol), de braza, de espaldas y mariposa, entre otros. Para llegar a ellos correrá un tiempo considerable, así que no te pongas metas demasiado rígidas ni te frustres si no avanzas como lo esperado. Nadar es algo que cualquier persona puede hacer, trata de ponerle ganas y disciplina y ya verás como lograrás aprender, para luego desarrollar tu técnica y, por tu misma cuenta, mejorar tus conocimientos.
Autor: Sergio Marcio